EL PODER DE LAS CREENCIAS

Si pudieras ser cualquier otra persona ¿quién serías?

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Hay quien suele pasar una extraordinaria cantidad de tiempo haciéndose esa pregunta.

Se obsesionan con la idea de cambiar de identidad porque desean ser cualquiera menos quienes son.

Tal vez tengan éxito profesional y piensen que eso no compensa el hecho de que su vida personal sea desastrosa; o bien que su vida laboral sea insatisfactoria o inexistente (situación cada vez más corriente en estos últimos años en que conseguir el desarrollo profesional es una tarea cada vez más difícil)

Desde esta perspectiva cuanto más se intenta encontrar la felicidad y la satisfacción, más insatisfactoria e infeliz resulta la vida.

En algunos momentos dan ganas de rendirse a esa infelicidad y es común llegar a la conclusión de que el destino nos ha dado malas cartas y que lo único que se pude hacer es jugarlas lo mejor posible. En resumen, creer erróneamente que somos víctimas de la vida.

Es obvio que los seres humanos poseemos una gran capacidad para aferrarnos a las falsas creencias con fanatismo y tenacidad y los que se tienen por personas muy racionales no son ninguna excepción.

La buena noticia es que las extraordinarias mentes humanas pueden elegir distintas formas de percibir el entorno.

Podemos cambiar el curso de nuestra vida mediante el simple hecho de cambiar nuestras creencias.

Las investigaciones científicas corroboran una y otra vez que podemos alejarnos de nuestra posición de “víctima” para darnos la oportunidad de ser creadores de nuestro destino.

Como todos sabemos, si el conocimiento es poder, el conocimiento de uno mismo supone una mayor capacidad de actuación.

Tú puedes hacer que tu vida sea más plena y satisfactoria y que a la pregunta “si pudiera ser cualquier otra persona ¿quién serías?” la respuesta sea obvia, ¡quiero ser yo!

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Curación emocional

UN NUEVO ENFOQUE

psicología

Nos solemos sorprender envidiando la vida de los demás: «Ah, si tuviese el talento para escribir un best seller», «Ah, si pudiera llevar una vida llena de aventuras como los famosos»…

Lo cierto es que no tendríamos los mismos problemas, al menos no los nuestros. Pero tendríamos otros: los suyos.

Todas las vidas son únicas, y cada una de ellas es difícil.

Marilyn Monroe, la más sexy, célebre y libre de las mujeres, deseada incluso por el presidente de su país, ahogaba su desazón en el alcohol y murió de sobredosis de barbitúricos. Kurt Cobain, el cantante del grupo Nirvana, convertido en estrella planetaria de la noche a la mañana, se suicidó antes de haber cumplido los treinta años. También el suicidio apareció en la vida de Hemingway, a quien un premio Nobel y una vida fuera de lo común no evitaron un profundo sentimiento de vacío existencial. Otro ejemplo lo tenemos en la famosa escritora francesa Marguerite Duras, talentosa y capaz, conmovedora, y adulada por sus amantes, se destruyó mediante el alcohol.

Ni el talento, la gloria, el poder, el dinero o la adulación femenina o masculina hacen que la vida sea fundamentalmente más fácil.

Y no obstante, existen personas felices que llevan una vida armoniosa. Por lo general, tienen la sensación de que la vida es generosa. Saben apreciar lo que les rodea y los pequeños placeres cotidianos: las comidas, el sueño, la serenidad de la naturaleza, la belleza de la ciudad. Les gusta crear y construir, tanto objetos como proyectos o relaciones.

Algunas son ricas, otras no; algunas están casadas, otras viven solas; algunas cuentan con talentos particulares, mientras que otras son perfectamente normales.

Todas han conocido fracasos, decepciones y momentos difíciles. Nadie escapa a todo eso.

Pero en conjunto, parecen saber sortear mejor los obstáculos: se diría que cuentan con una aptitud particular para crecerse frente a la adversidad, para dar un sentido a su existencia, como si mantuviesen una relación más íntima con ellas mismas, con los demás, y con lo que han elegido hacer con su vida.

¿Alcanzar un estado así es posible? Por supuesto.

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