Curación emocional

UN NUEVO ENFOQUE

psicología

Nos solemos sorprender envidiando la vida de los demás: «Ah, si tuviese el talento para escribir un best seller», «Ah, si pudiera llevar una vida llena de aventuras como los famosos»…

Lo cierto es que no tendríamos los mismos problemas, al menos no los nuestros. Pero tendríamos otros: los suyos.

Todas las vidas son únicas, y cada una de ellas es difícil.

Marilyn Monroe, la más sexy, célebre y libre de las mujeres, deseada incluso por el presidente de su país, ahogaba su desazón en el alcohol y murió de sobredosis de barbitúricos. Kurt Cobain, el cantante del grupo Nirvana, convertido en estrella planetaria de la noche a la mañana, se suicidó antes de haber cumplido los treinta años. También el suicidio apareció en la vida de Hemingway, a quien un premio Nobel y una vida fuera de lo común no evitaron un profundo sentimiento de vacío existencial. Otro ejemplo lo tenemos en la famosa escritora francesa Marguerite Duras, talentosa y capaz, conmovedora, y adulada por sus amantes, se destruyó mediante el alcohol.

Ni el talento, la gloria, el poder, el dinero o la adulación femenina o masculina hacen que la vida sea fundamentalmente más fácil.

Y no obstante, existen personas felices que llevan una vida armoniosa. Por lo general, tienen la sensación de que la vida es generosa. Saben apreciar lo que les rodea y los pequeños placeres cotidianos: las comidas, el sueño, la serenidad de la naturaleza, la belleza de la ciudad. Les gusta crear y construir, tanto objetos como proyectos o relaciones.

Algunas son ricas, otras no; algunas están casadas, otras viven solas; algunas cuentan con talentos particulares, mientras que otras son perfectamente normales.

Todas han conocido fracasos, decepciones y momentos difíciles. Nadie escapa a todo eso.

Pero en conjunto, parecen saber sortear mejor los obstáculos: se diría que cuentan con una aptitud particular para crecerse frente a la adversidad, para dar un sentido a su existencia, como si mantuviesen una relación más íntima con ellas mismas, con los demás, y con lo que han elegido hacer con su vida.

¿Alcanzar un estado así es posible? Por supuesto.

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Miedo a las emociones

 

SENTIR EL CORAZÓN

vivo

Hace años un amigo me contó que había ido al médico porque “se sentía el corazón” y estaba asustado.

Pensaba que estaba enfermo y en peligro de sufrir un infarto o algo parecido.

El doctor le explicó que eso se debía a que había adelgazado y al no tener ya la capa que antes cubría su pecho, notaba los latidos del corazón.

Hoy, esta anécdota me parece una metáfora de la vida: para no sufrir cubrimos de “capas” nuestro corazón porque nos dan miedo nuestras emociones.

En psicología, a las defensas de nuestra mente inconsciente se les llama mecanismos de defensa.

Sentimos que si mostramos nuestros sentimientos perdemos el control, que los demás abusan de nosotros… Pensamos que si nos ven como somos nos despreciarán, no nos van a querer… Incluso a veces, lo que tratamos es de distanciarnos de lo que queremos por miedo a perderlo.

Protegerse del dolor es sano, pero si sacrificamos nuestros sentimientos, no tendremos una vida plena.

Nos protegemos tanto que dejamos de “sentir nuestro corazón”.

 

 

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